Consejos del profesor Mesa: Pasos para ayudar a nuestros hijos en su educación

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Por Braulio Mesa, ESL Newcomer Academy/ (502) 485-6324; braulio.mesa@jefferson.kyschools.us 

(El Kentubano, edición 121, Agosto 2019)

  1. Creando un ambiente de estudio

Somos lo que hemos aprendido a ser. Crear un ambiente no es la actuación de unos días concretos, sin continuidad de manera esporádica para tratar de conseguir unos objetivos educativos. Crear un ambiente significa una actuación sistemática, difícil, perseverante para conseguir los objetivos marcados. Este ambiente se crea cuidando los detalles materiales que favorezcan el trabajo: que exista un sitio para estudiar, el cual reúna condiciones mínimas como: aislamiento de ruidos y distracciones; iluminación suficiente; silla y mesa de trabajo funcionales para las tareas que se realizan normalmente. Respetando los padres el tiempo de tareas sin interferir con otros encargos que puedan surgir. Creando hábitos de estudio, es decir, repitiendo siempre el mismo horario de estudio, de trabajo en un ambiente de silencio. Aprovechando los padres el tiempo de estudio para realizar diversos trabajos que tengan pendientes para que sus hijos los puedan ver como modelos que van por delante y son dignos de imitar. Teniendo un material base para el estudio: diccionarios, enciclopedias, libros de consulta. Promoviendo para el tiempo libre actividades que tengan que ver con la cultura, con la lectura, con el afán de saber más.

2- Dando el ejemplo

Si los padres tienen curiosidad intelectual, afán de saber y afición por la lectura, serán un ejemplo estimulante para el estudio de sus hijos. Manteniendo una estrecha comunicación con los maestros, ya que estos apoyan la educación de los niños, por ello, deben ir en la misma dirección y se precisa de una colaboración mutua.

  • Orientando a los hijos

El principal instrumento que se necesita para el estudio es la lectura, de manera que nuestro hijo tenga las suficientes habilidades en comprensión, velocidad y entonación en la lectura. Si este aspecto básico no se desarrolla en su momento con la suficiente eficiencia, posteriormente será la causa originaria del retraso o fracaso escolar. También, saber organizar el tiempo, saber hacer esquemas, resúmenes, ensayos, saber los pasos para estudiar un determinado tema, etc.

  • Animando al estudio

Hay que empujar al estudio sin que se note, sin pelear, ya que el insistir en un mensaje en los adolescentes, puede ser contraproducente. Insistir demasiado en un mismo punto ya es pelear, de acuerdo a la mentalidad de un adolescente. Procurar ayudas pedagógicas cuando sea necesaria, para poder dar la respuesta pedagógica adecuada, que puede ir desde nuestra ayuda personal hasta buscar tutores particulares. Seguir el día a día del quehacer diario sin agobiar. Hacer un seguimiento continuo y de acuerdo a su responsabilidad, madurez y autonomía, podremos distanciar este seguimiento.

  • Entregando más nuestro tiempo

Cuantas veces creemos estar tan miserablemente ocupados y no nos damos cuenta de cuanta falta le hacemos a nuestros hijos y contrario a eso les damos más tiempo al descanso, a los amigos, a ver la TV, etc., que a nuestra familia. En el libro “Corazón compasivo” de Sant Takhar Sing dice, “Podrás tener miles de amigos, millones, pero tu familia, siempre será tu familia”.

  • Dando más influencia familiar

Esto influye de manera decisiva. Las relaciones familiares determinan valores, afectos, actitudes y modos de ser que el niño va asimilando desde que nace. Por eso, la vida en familia es un eficaz medio educativo al que debemos dedicar tiempo y esfuerzo. La escuela complementará esta tarea, pero en ningún caso sustituirá a los padres. Esta influencia tiene funciones educativas y afectivas muy importantes, ya que partimos de la base de que los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos. Para que el ambiente familiar pueda influir correctamente es fundamental la presencia de: amor, comunicación, autoridad, trato positivo y tiempo de convivencia.

A estos puntos yo le agregaría, además, ser buenos padres. Y no se es buen padre por cumplir ciertas reglas y no se deja de serlo por su falta de cumplimiento. La buena paternidad, así como la buena maternidad, no depende de acciones externas y superficiales, sino de algo más profundo y radical, depende más de la clase de personas que seamos, que de la clase de procedimientos y técnicas que utilicemos. Los buenos padres se caracterizan por los sentimientos y actitudes profundas, positivas que sienten hacia sus hijos y personas en general. Para ser buen padre hay que ser previamente una buena persona, hay que tener una personalidad sana, equilibrada, sin desajustes ni conflictos emocionales importantes o con un mínimo de ellos, de modo que no se irradie o proyecte sobre los hijos la influencia nociva de los defectos y problemas personales, también hay que tener un fuerte sentimiento de amor y aceptación hacia sus hijos. Demostrar amor es ofrecerles una relación y un contacto personal cálido y afectuoso. Es ofrecerle el mejor regalo, el regalo de uno mismo: lo que significa más interés y participación en la vida del hijo, más tiempo compartido con él en jugar, conversar, responder sus inquietudes, salir, pasear, etc. Está bien demostrado que una de las vías más efectivas para aumentar los logros en la educación de los hijos es la participación activa de los padres, esto traerá, casi siempre, los siguientes beneficios: aumento de la autoestima, obtienen más altos logros académicos, mejora la relación y comunicación padres-hijos, mejor actitud de los padres con respecto a la escuela y el entendimiento del proceso educativo, etc. O sea, para que nuestros hijos estén involucrados completamente en el proceso de enseñanza, es definitivamente muy importante que exista una sociedad entre los padres y los maestros, ya que los padres son los primeros maestros y los únicos que permanecen con el niño por un largo periodo de tiempo.