Rostros locales: Ignacio Hernández, la pasión de volar

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Por Yany Díaz, El Kentubano (edición 119, junio 2019)

Ignacio Alejandro Hernández Sarduy no conoce el miedo, a sus escasos 21 años, surca los cielos del país y horas de vuelo, experiencia y madurez lo preceden. Su sueño es pilotear algún día una aerolínea comercial y a pesar del poco tiempo de descanso, en sus días libres se dedica a enseñar a los niños de Louisville.

“Llegamos a los Estados Unidos en septiembre del 2001. Al principio fue difícil. No sabíamos inglés fue muy duro. Ver a mi familia pasar trabajo nunca me quitó la pasión por la aviación, me motivó más. Mis padres, mi hermana, mi familia completa son parte de ese resultado y me han apoyado e inspirado”.

¿Cuándo surge esa pasión por la aviación?

“La pasión por la aviación nunca se manifestó con un plan. Sabía que me gustaba, pero nunca pensé que iba hacer exactamente. En la secundaria antes de graduarme, la jefa de mi padre, Denise Mathewson, que es como una tía para mí, me llevó a un Open House a la Shawnee High School. Ella sabía que me gustaban los aviones y supo que esta escuela te pagaba la primera licencia de piloto. Si no fuera por Denise, no sé si estuviera en esta posición que estoy ahora. En el 2011 me aceptaron en la escuela y de ahí para adelante empecé el programa de aviación. Muchos tienen super héroes, como Superman o Iron man. Yo no soy muy diferente, pero cuando fui a visitar Cuba por primera vez, conocí mi super héroe favorito, el piloto. Tenía como 7 años, y cuando vi los pilotos y entendí lo que hacían, sembré una idea en mi cabeza que quizás ese, sería yo algún día”.

Ignacio me cuenta que al inicio la familia pensaba que era solo una afición sin embargo su pasión por hacer realidad su sueño lo convirtió en realidad.

“La primera vez que pude pilotear un avión, fue en el noveno grado cuando mi escuela llevo mi clase al aeropuerto de Clark County para un viaje educativo. El instructor me dijo: “te voy a ayudar, pero quiero que intentes el despegue”, creo que nada te da la adrenalina y emoción que me dio volar por primera vez y controlar esa avioneta con mis propias manos. En ese momento, yo supe que eso es lo que quería hacer mi vida entera. Nunca pensé en lo que estaba pasando abajo de mí, solo en ese momento en el aire”.

Hernández no puede ocultar el entusiasmo por hacer lo que más le apasiona.

“Trabajo en Detroit, para una compañía que se llama Kalitta Charters 2. Tenemos al momento DC-9s, 737s, y 727s. Yo piloteo el 727, volamos en los Estados Unidos, México, y Canadá transportando carga y uno de nuestros aviones transporta caballos. El trabajo es más difícil que una aerolínea de pasajeros porque nosotros no tenemos horarios fijos, y nos pueden llamar las 24 horas. Todavía me fascina el trabajo y disfruto hacerlo.

¿No has sentido miedo?

“Cuando estas volando te tienes que enfrentar con muchas tormentas especialmente en el verano, y he tenido instancias en donde no pudimos evitar tormentas completamente. Mi primera vez en una, había mucha turbulencia y unos cuantos rayos le dieron a mi avión. Nada pasa, obviamente, porque el avión lo puedo sostener, pero era uno de los pocos momentos donde se me abrieron los ojos de verdad. Y cada vez que volamos a México, tenemos que volar a alturas bajas por las montañas antes de aterrizar. Es emocionante especialmente cuando es por la noche y no puedes ver esas estructuras. Pero me gusta y siento la misma adrenalina que sentí cuando volé por primera vez. Siempre digo que si tienes un sueño que quieres hacer ser realidad, no dejes que nada te detenga”.