Locales: Carlos Hernández, “mi mayor inspiración ha sido mi padre”

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Por Yany Díaz, El Kentubano edición 119, junio 2019

Carlos Hernández Ocampo conoce de metas y de enfrentarse a situaciones difíciles, el temple y el ejemplo de su padre lo motivó a elegir la abogacía como profesión. Recién graduado hace apenas un año en Leyes, se desempeña en el bufete EmergencyLaw, el cual le abre hoy las puertas a El Kentubano.

“Llegué a los Estados Unidos en el año 1998 con mi padre. Solo tenía once años, pero desde esa edad me di cuenta de que la vida en este país iba a ser muy difícil. Había crecido en Cuba escuchando las historias de que todos llegaban a este país para tener una mejor vida, muchos se arriesgaban a los peligros del mar incluso para llegar aquí. Sin embargo, a los once años yo quería regresar”.

Para este cubano natural de Santiago de Cuba, lograr sus metas no ha sido cosa fácil.

¿Cuándo te inclinaste por la abogacía?

“Aunque me gustaba aprender y siempre fui una persona curiosa, pensaba que iba a la escuela a perder el tiempo y terminaba no aprendiendo nada. Aun así, me di cuenta de joven que la educación era crucial para lograr el respeto ajeno. En nadie lo vi más claro que en mi propio padre. Él fue abogado en Cuba por mucho tiempo, y siempre tuvo el respeto de sus colegas y amistades, pero cuando llegamos aquí tuvo que hacer como han hecho muchos profesionales de nuestro país, resolver con el primer trabajo que aparezca. Mi padre tuvo varios trabajos dependiendo de la situación en la que estaba la economía en aquel entonces, algunos resultaban buenos y otros no tanto. Pero una vez yo fui con él a ayudarlo en una obra de construcción, donde estaba echando concreto para crear aceras, y me di cuenta de una cosa que nunca me había percatado. Mi padre era el mismo de siempre. Sí, estaba más sucio, lleno de polvo de cemento de pies a cabeza. Llevaba ocho horas bajo el sol de Miami dando pico y pala, parecía un  desastre, sin embargo, todavía inspiraba el respeto y la admiración de todos sus colegas y amistades”.

¿Entonces, fue en tu padre donde encontraste esa inspiración?

“Todos le llamaban “Doctor”. Su educación la llevaba con él y nadie se la podía quitar. Lo que muchas personas no veían, era que después de la construcción tenía que ir a la Escuela de Leyes de noche en Miami para revalidar su título. Esa fue mi inspiración para nunca rendirme. Ver cómo un padre se puede sacrificar para que un hijo tenga que comer esa noche. De ahí decidí ser abogado igual que él, pero aún más que eso, aprendí a enfrentarme a la vida”.

¿Cuál es el proceso que seguiste para convertirte en abogado?

“Cuando me gradué de la High School, ya había perdido un poco mi pasión para seguir adelante, como todo adolescente. La encontré mucho después, sirviendo en la Marina de los Estados Unidos (U.S. Navy) en la cual fui médico de campo por cinco años. Pude ir a la universidad y primero obtuve mi Bachiller en Artes Plásticas y aprendí a pintar con oleos y a tomar fotos. Pero sabía que la meta no era esa. Para entrar a la escuela de leyes, solo te hace falta un Bachiller y tomar la prueba LSAT, que es lo que te otorga la admisión a estudiar Derecho”.

Hernández reconoce que hoy todo su esfuerzo ha valido la pena y recomienda a la demás tenacidad para lograr los sueños.

“Ponte una meta, grande o pequeña no importa, y no dejes que nada en el mundo te mueva de tu camino. Van a venir varias tormentas, te van a dar muchos golpes, y más que nada tú mismo te vas a querer rendir muchas veces al final del día; después de una mala nota cuando los otros sacan buenas notas. Lo importante es levantarte después de cada fracaso, sacudirte el polvo y la sangre, y continuar tu camino, hacia tus objetivos”.